Posteado por: Caroline Meuter | diciembre 10, 2013

Sombra de soledad

He vivido el hambre y la desesperación, las sentí en mis carnes …y me dolieron. Pero ningún dolor se compara al de la soledad cuando te atraviesa el alma. Gritas pero nadie te oye, lloras impotente pero nadie te abraza, súplicas clemencia al cielo pero de pronto te das cuenta de que hasta Díos te ha abandonado.
Nunca me rendi, sino hoy no lo estaría contando. Pero cuando los fantasmas regresan, cuando cada dia estas un paso más cerca de volver a vivir ese momento cuyo recuerdo te corroe por dentro…entonces es cuando o te levantas, o caes rendido.

Es tan hermoso aprender a amar a un ser. Hay gente que ama cosas, también debe ser bonito, a su manera. Pero ese sentimiento de abrazar a un ser y darte cuenta de que eso que sientes adentro te está dando aún más vida.
Es tan bonito poder abrazar ese cuerpo cálido por las noches, espantando así a los fantasmas de la soledad cuya sombra se confunde con la oscuridad de la noche. Ese calor que da la vida a la que estás abrazando, cuando se acerca un poco más a ti para caver los dos bajo la manta en las frías noches de invierno.

Ha sido an doloroso desprenderme de ella, ha sido como si ese pequeño ser que ha sabido darme tanto cariño, se hubiese convertido en una parte de mí.
Esta noche volveré a abrazar esa fría almohada que nunca ha sabido darme calor, aunque siempre ha sabido secar mis lágrimas y callar mis llantos.
Esta noche volveré a girarme en la cama en busca de su calor y cuando no lo encuentre y recuerde que ya no está conmigo, abrazare esa almohada y llorare al darme cuenta de que la soledad vuelve hoy a dormir en mi cama.

Es tan fría y tan oscura… De día es fácil ignorarla aunque me persiga, aunque esté allí entre la multitud, pero de noche se hace tan fuerte que es imposible no sentirla… Se mete en mi cama, y me acaricia. Sus caricias son tan frías que un escalofrío me recorre todo el cuerpo y pienso si algún día se irá para no volver.
Había logrado espantarla, conseguí despistarla durante un tiempo, pero hoy ha vuelto, me rodea y me acaricia… esta noche duerme conmigo…la sombra de la soledad.

Posteado por: Caroline Meuter | noviembre 19, 2012

Caminando hacía alguna parte

Un lunes de noviembre del año 2012. Son las seis y cuarto de la mañana, y el sonido del despertador anuncia un nuevo día que comienza. Solo que este no es un día cualquiera, este va a ser un día que marca el final de una etapa de mi vida y el comienzo de una nueva.
He pasado casi toda la noche en vela analizando y preparando cada palabra, cada gesto, tratando de convencerme de que es lo mejor para todos pero sobretodo para mí.
Es un gran paso el que quiero dar hoy, llevo esperando demasiado tiempo y ya no puedo dejar pasar ni un día más.
Me siento encarcelada, me siento como sí mi vida no me perteneciera y necesito que eso cambie.

Las siete y 48 minutos de la mañana, mi padre me lleva a la parada de autobús de la Ursúla donde cada día me deja  para que coja el bus que me lleva al trabajo.
Todo parece tan normal, solo que hoy no intercambiamos ni una sola palabra, él está cabreado conmigo (como casi siempre), y yo no se cual es el motivo de su perpetuo malestar hacía mí.
Está claro que desde hace un tiempo, él quiere cambiar su vida y yo también. Yo no encajo en sus planes de futuro, ni yo ni ningún miembro de la familia que estos últimos meses se ha estado manteniendo de un hilo muy fino que yo estoy a punto de romper.
Las siete y cuarenta y ocho: en ese preciso minuto he pronunciado las palabras que creo que son las más justas, más directas y sinceras: “me independizo, quiero irme de casa. Creo que es lo mejor para todos”.
Es como si en ese momento, un soplo de aire fresco hubiera entrado por la ventanilla del coche, un suspiro por su parte y una sonrisa disimulada bajo una fachada de enfado mientras sus palabras rompen el silencio: “Vete. Ya te he dicho muchas veces que lo hagas. Pero cuando lo hayas hecho no quiero volver a verte en mi casa”.

Ha sido mucho más fácil de lo que yo pensaba. Aunque él no se lo ha creído. Antes, me dejó 20 euros en el asiento del coche para que hiciera los recados de todos los lunes.
Yo los había metido en el bolso, pero después de todo ese dinero no me pertenece. Llega el autobús en la esquina.
Un último beso dejado en una mejilla que desde hace tiempo dejó de valorar esos signos de amor en el que nunca ha creído y que se han convertido casi en un gesto automático. Hoy no es un beso de “hasta luego”, es un beso de “adiós”. Sin una palabra por su parte, me bajo del coche, cierro la puerta y pienso: “esos veinte euros no son míos”.
No sé porque, pero volví a abrir la puerta del coche y dejé ese dinero donde estaba antes. Ahora si que ha entendido que voy en serio.
Su reacción?? Acelerar el coche e irse sin despedirse.

Ni una lágrima. No sé lo que siento. Es una mezcla de rabia, de tristeza y de felicidad.
Estoy triste porque al fin y al cabo, una vez más, el acaba de demostrar que no le importo. Pero soy feliz porque soy libre. Porque mi vida me pertenece y porque, por fin puedo decir que el mundo es mío.
¿Que no siento culpabilidad? Por supuesto que la siento. Después de todo no he dado el portazo que quise dar hace un año, pero le he abandonado… y eso me sigue doliendo.

Son las cuatro de la tarde, estoy en Elche y no sé lo que siento. Le dije a mi padre que estaba preparada pero eso no era cierto.
Ahora mismo me quedan 1,70 euros. Es lo que me cuesta el billete de autobús para volver a casa… No tengo miedo, por supuesto que no lo tengo, y pienso seguir adelante.
No puedo caer más bajo, el trabajo que tengo no me dará ningún ingreso hasta al menos dentro de un mes. Pero eso tampoco me asusta.

Que qué tengo ahora mismo? Esperanza y libertad!! Eso es lo único que tengo hoy tanto en la mente como en el bolsillo.
No las puedo tocar, no las puedo ver, pero las puedo sentir. En cada paso que doy hoy, en cada sonrisa y en cada lágrima. Y eso me da la vida y las ganas de luchar.
Hoy si que tengo un motivo por el que luchar: mi vida.

Posteado por: Caroline Meuter | octubre 11, 2011

El mayor de mis temores

Todo lo que nace muere, todo lo que empieza termina y el fuego siempre se apaga.
Dicen algunos que la vida son dos días y sin embargo sin muchos más.
Cierto es que el tiempo pasa muy deprisa, cuál ráfaga de viento que lo arrastra todo a su paso.
Así es el tiempo y cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde. Esperar es como decirle a un ladrón: “llévate todo lo que tengo”, porque no hay mayor ladrón en esta vida que el tiempo.
Tiempo que no perdona y que te susurra al oído cuando te miras al espejo y te dice que la arena de tu reloj se está acabando.
Ladrón que se lleva con él los recuerdos de una vida dejando solo tras de sí un inmenso vacío que no puede rellenar el presente.
Dios sabe cuantas veces he deseado que el tiempo se detuviera, no una eternidad sino solo un breve instante, que me diera una tregua para disfrutar de ese momento de felicidad que nunca volvería a repetirse que probablemente algún día, cuando las arrugas hayan invadido mi frente, pasará al olvido. Es ahora cuando me doy cuenta de que todo o casi todo es efímero, todo llega a su fin.
Soy consciente de que nada puedo hacer, estoy indefensa como toda la humanidad cuya gran mayoría todavía no se ha dado cuenta de que vive a la merced de un ladrón que no siente piedad ni compasión y que no está dispuesto a regalar nada, ni un solo segundo. Ese pensamiento es la sombra que sobrevuela mi mente y mi corazón hoy más que nunca.
No hay nada que me inflija tal temor que el paso del tiempo. Un miedo que reaparece a cada puesta de sol, cuando el mundo vuelve a sumergirse en las oscuras tinieblas de la noche. Miedo a que todo lo que tengo también desaparezca, miedo al olvido inminente y a la certeza de la muerte.
Un temor que se aparta con el consuelo del presente que ya es pasado y de un futuro incierto pero que la fe llena de esperanzas.
Mirar hacía atrás es ver el tiempo que ha pasado y no regresará, mirar hacía delante es intuir el que nos queda: tanto por vivir, por sentir, disfrutar y sufrir, pero tiempo al fin y al cabo, que es un regalo del cielo y que más nos vale aprovechar. Tiempo que es y será siempre…el mayor de mis temores.

Posteado por: Caroline Meuter | agosto 12, 2011

Un presente por recordar

Después de varios meses sin siquiera abrir el blog (casi un año sin hacerlo me atrevería a decir) hace un par de días me decidí a venir y dediqué casi una hora a leer… leer todo aquello que entonces escribí. Cosas que me atormentaban, que no podía guardar en mi mente y que tampoco supe nunca expresar con palabras.
Volver a leer lo que salió de mí entonces, ha sido como quien mira un álbum de fotos, viendo todas esas imágenes de un tiempo que se ha ido, imágenes de momentos del pasado más o menos felices, que nos producen en casi todos los casos un suspiro.
Suspiro de nostalgia al pensar en aquello que teníamos entonces y que tal vez hayamos perdido a día de hoy.
Suspiro de tristeza cuando nos damos cuenta de que nunca lograremos recuperarlo.
Suspiro de alivio en algunos casos, al recordar lo mal que lo pasamos en algún momento de nuestra vida…dificultades que el paso del tiempo ha logrado borrar, o al menos apartar de nuestras mentes y puede que incluso, de nuestros corazones.
Esa noche, al leer las entradas que dejé casi un año atrás, me di cuenta de la fuerza que tiene el recuerdo. Con solo una imagen, un escrito, podemos recordar días, e incluso meses de nuestras vidas. Pero también me di cuenta de lo importante que es, dejar un rastro tras de sí de lo que vivimos a día de hoy. Al fin y al cabo, el recuerdo es todo lo que nos quedará de estos momentos dentro de unos años.
No vale decir que nuestra vida es demasiado complicada, que lo estamos pasando mal y que es una etapa que queremos olvidar. Porque cuando hayamos logrado alcanzar esa felicidad que ansiamos y por la cual luchamos cada día, podremos mirar atrás y pensar que lo hemos logrado, que por muy mal que lo hayamos pasado, supimos mantener la fe y la valentía para seguir adelante hasta el final.
Entonces miraremos hacía atrás a través de esos “testigos” del pasado y podremos darnos cuenta de que valió la pena mantener la cabeza alta, sin rendirse.
Echando la vista atrás, me di cuenta de lo mucho que todo ha cambiado durante estos meses que han transcurrido.
No solo las cosas y las personas que me rodean, sino que yo misma he cambiado.
¿He madurado? ¡Es posible!
Lo único que puedo decir es que he dejado atrás todas esas incertidumbres que me rodeaban entonces, he dejado de dudar antes de dar un paso adelante, he dejado de llorar por un desamor y he aprendido a dejar que los que me rodean se acerquen.
Pero hay algo que no ha cambiado en mí y que no cambiará nunca: mis ganas de vivir siguen siendo las mismas que hace un año, y lo seguirán siendo dentro de otro más.
Es verdad: la vida no nos regala nada, tenemos que luchar por todas y cada una de las cosas que queremos y eso es lo que la hace tan hermosa, tan maravillosa.
Hay algo más en mí que sigue intacto, pese a que el tiempo haya pasado, y pese a que me haya dado cuenta de que aquí nada es lo que parece ser: no he dejado de alzar mi voz, sigo teniendo esas ansías de decir lo que pienso, de que se me oiga. Pero sobretodo, sigo ansiando que se me escuche, aunque no siempre lo consiga.

Posteado por: Caroline Meuter | enero 20, 2011

Perfectamente imperfecta

Hay días en los qué la simple luz del sol al amanecer es para mí una razón de ser.
Otros días, necesito una buena razón y alguna obligación para abrir los ojos y levantarme.
Hay días en los que el mundo me parece hermoso y me fijo en todo aquello que nos regala la naturaleza.
Otros, estoy absorbida por una nube de negativismo y lo único en lo que me fijo es en la hora por mi prisa a que acabe el días.
Me cabreo sin motivo muchas veces y me enfado con la gente a la que quiero sin más razón ni explicación que un impulso.
Disfruto viendo que soy capaz de hacer sufrir a la gente que me quiere, aunque luego siempre me arrepiente.
Es difícil creer que en algunos momentos no le encuentro sentido alguno a mi existencia.
Soy débil porque dejo que la gente juegue con mis sentimientos.
Soy fuerte cuando me impongo un limite y no me permito atravesarlo.
Río cuando soy feliz pero también finjo: finjo por respeto o por desprecio.
Respeto a los que me han dado la vida, me han convertido en lo que soy y a todos mi amigos que quiero con un cariño especial. Desprecio a casi todo el mundo que es capaz de fingir con la gente a la que quiere.
¿No es eso contradictorio? Fingir por desprecio a los que fingen: lo sé, soy un mar de contradicciones.
Nací cuando muere la primavera, cuando la naturaleza sofocante cae rendida a los pies del calor que acecha en verano, cuando arden los bosques y se secan los ríos.
Soy blanco y negro, la luz y la sombra, como la noche y el día.
Soy humana: nací siendo perfectamente imperfecta.

Posteado por: Caroline Meuter | diciembre 9, 2010

Doloroso silencio.

Tu silencio me coroe, destruye mis esperanzas y acaba con mi fe.
No estoy desesperada, no estoy esperando a que vuelvas, pero cada segundo que pasa me pregunto porque sigo aquí.
Estar a tu lado y sentir ese odio me quema por dentro. Necesito gritar, decirte lo que pienso y que sepas lo que siento. Pero no, lo mejor que pueda hacer por mi misma es mantener ese silencio en el que Tu te has refugiado siempre.
Soy egoista? Tengo miedo? No, solo respeto. Te respeto, y respeto esa ausencia total de palabras, respeto ese estado en el que tu te refugias porque no eres capaz de afrontarme.
Quien es el mas cobarde de los dos? No tengo ni idea pero el tiempo no se ha parado y lo estamos perdiendo, por tu culpa.
Puedo demostrarte que me duele lo que haces, tambien puedo fingir que no me importa lo más minimo. Podría ignorarte pero no quiero, podría quererte pero no me atrevo, podría hablarte pero no me dejas.
No sé que ha pasado pero la confianza se ha ahogado bajo un mar de prejuicios y de ideas que nunca has querido compartir conmigo, tal vez porque en realidad no quisiste descubrir la verdad de lo que se esconde aquí dentro.
Puede ser que te asuste mi forma de ser, o bien te disguste, no lo sé, pero lo que de verdad importa es que no eres capaz de decirmelo.
Dices que somos libres de hacer lo que creamos conveniente para nuestras vidas, es cierto: podría irme ahora mismo y dejarlo todo atrás la verdad es que no es por cobardía por lo que no lo hago.
Porque entonces? Por respeto tal vez, pero lo más probable es que sea por amor, no solo hacía tí, sino hacía todos vosotros. Lo dificil es darse cuenta de que ha llegado el momento en el que simplemente te conviertes en una carga para los demás.
No me compadezco de mi misma, eso es algo que siempre he odiado en los demás, y nunca lo he hecho.
Me haces sentir como si fuera una mala hierba crecida en tu jardin de rosas perfectas. El hecho es que tus rosas son demasiado perfectas: tan iguales, tan inmoviles, tan artificiales. Yo no soy como esas rosas, pero he crecido en tu jardin y por ello deberías aceptarme en el aunque ambos sabemos que nada más lejos de la verdad.
Hay tantas cosas que han quedado desdichas entre tú y yo que siento la necesidad de expresarlas.
Pero como siempre he respetado tu silencio cobarde, no he dicho una palabra, y como siempre he respetado esa ausencia de dialogo, no dejaré que las leas tampoco.

Posteado por: Caroline Meuter | agosto 27, 2010

A la orilla del mar

Hay momentos en esta vida, que te hacen disfrutar de cada instante, durante los cuáles te absorbe un sentimiento de plenitud, como si fueras la persona más feliz en la faz de la tierra.
Momentos que logran hacerte olvidar todo lo malo que te rodea: los problemas dejan de serlo por un segundo, los quebraderos de cabeza desaparecen como por arte de magía.

Ayer, al anochecer, pude saborear uno de esos escasos ratos de plenitud que nos ofrece la vida. Fue alrededor de las 21 horas y 45 minutos cuando emprendí el camino hacía la playa, no me iba con la intención de bañarme sino con la de pasear.
El mar estaba completamente apasible, ninguna ola venía aborecer esa paz total que reinaba. Desde lo muy alto del cielo me observaba la luna llena, me paré a observar las formas que se dibujaban en el esplendor de su superficie : realidad o imaginación? Creí ver un rostro…con una sonrisa pintada.
Empezé a caminar a la orilla del mar, mis pies rozaban la arena y sentí como todo aquello que atormentaba mi mente, desaparecía, dejando lugar al más profundo bienestar.

No sé si fueron 100 o 200 metros los que recorrí hasta cruzarme con una pareja que, como yo, intentaba alcanzar ese bienestar que nos ofrecía aquel lugar…
De pronto, no pude evitar que un sentimiento de monotonía, de tristeza tal vez, se apoderará de mi ser. El deseo de poder compartir este lugar y este momento con alguien, una persona que no estaba pero que yo hubiera dado cualquier cosa por que estuviera.
De pronto mi soledad se hizo pesada, esa misma soledad que solía agradecer muchas veces…demasiadas tal vez…
Acelerando el paso para dejar atrás esa pareja, dejandoles atrás en la obsuridad si no fuera por la luz de la luna llena, dejandoles solos, en la intimidad de la sombra y el silencio de la noche, con el unico sonido del mar que se acercaba a acariciar la arena.

Cuando por fín volví a estar sola me pregunte si él tambien me añoraba como yo lo hacía, aún sabiendo que eso no era cierto, me engañe a mi misma pensando que probablemente, yo estaba en algún lugar de su mente en este preciso instante y que, aún siendo de forma indirecta, por un segundo, nuestras mentes se cruzaron al mirar la luna.
Mi mirada se perdío en el resplandor que abrazaba el mar…y recordé sus gestos, sus miradas, y su sonrisa…un escalofrío recorrío todo mi cuerpo.
Aparté rapidamente esos pensamientos de mi mente. Oí desde algun sitio, sonar esa canción que tanto me recuerda a él…
Quien fue? Quien dijo que nunca compartíriamos un momento de plenitud como este? Dije en voz alta: Si!
Estaba convencida de que algun día podríamos volver a pisar esta playa juntos, nuestros pies rozarían la arena…y caminaríamos cogidos de la mano, sin que nada, ni nadie, pudiera interponerse.
Nuestros ojos dejarían de mirar la luna por un instante y se cruzarían…una mirada que lograría decir en un segundo todo lo que nunca podríamos llegar a expresar con palabras.

Un aire muy ligero se levantó, dejé de mirar hacía el mar, dejé de escuchar el susurro de las olas y volví a la realidad. ¿Fue un sueño? ¿Fue mi imaginación?

Posteado por: Caroline Meuter | agosto 24, 2010

Prohibido prohibir

Esta entrada viene a ser una observación… de lo que nos rodea, de lo que es inevitablemente  parte de nuestra vida, y concretamente, de las prohibiciones…
Mira a tu alrededor, todo lo que te rodea…
O simplemente hecha mano de tu mente y piensa. Piensa en todos esas pancartas, anuncios u otras formas que repiten siempre la misma palabra: “prohibido”: “Prohibido fumar”, “prohibido el paso”, “prohibido ir a más  de 120 Km/h”…y aunque no podamos leer carteles que nos lo indiquen, sabemos que hay otras muchas, demasiadas otras cosas que en nuestra mente somos conscientes de que nos estan prohibidas.
Pronto, a lo largo de los proximos meses podemos esperarnos a encontrar  a las puertas de los colegios e institutos nuevas pancartas anunciando una reciente prohibición que sigue todavía sin estrenar: el consumo de golosinas y bollos.
NO! No estamos hablando del consumo de estupefacientes o de alcohol por parte de los menores. Nos estamos refiriendo a las golosinas y bollos de toda la vida.

En la calle, en la carretera, en el colegio, en el trabajo…estamos sometidos a prohibiciones. A las cuáles no tenemos más remedio que  resignarnos y obedecerlas.
Fue Voltaire quien dijo, si mal no recuerdo “La liberté est un bien inaliénable” lo que viene a  traducirse de la siguiente forma: “La libertad es un bien inalienable”. Con esta frase, este gran filosofo francés sugeria que un individuo no podía dejar de ser libre ya que la libertad no  puede ser regalada, ni vendida…nadie puede apropiarse de la libertad ajena, este acto llegando a ser moralmente incorrecto e impossible.

Todas esas prohibiciones, no estan abusando de nuestra libertad? Porque prohibir si podemos establecer reglas?
A la par de estar atentando contra nuestra libertad, podemos decir que no es que sirvan para mucho: siguen habiendo hombres que matan a sus mujeres, gente que roba, que mata, que extorsiona. Presidentes que mienten a todo un pueblo hasta llevarlo en la miseria más profunda…
No seria más facil y agradable ver nuestra sociedad como un juego? Si todos y todas respetamos las reglas del juego, podremos hacer una partida limpia y agradable para todas las partes que se unan a nosotros.
Pero no es tan facíl! ¿Verdad? Si pensamos en quitar las prohibiciones, nos planteamos  inmediatamente un caos total, descontrol en la sociedad…el sistema estaría roto. No?
Ladrones, criminales, gente que abusa del alcohol, del consumo de drogas…que pasaría? Pues que nuestro país se convirtiría en un desastre!
Pero ahora miremoslo desde otro punto de vista…desde el de las personas normales: responsables, moralmente rectas y amantes de su libertad.
Estas personas ahora mismo podrían pensar que nuestro país Ya es un desastre!
Porque? Pongamos un ejemplo: Si unos cuantos irresponsables conducen a todo trapo por las calles de  una ciudad y causan muertos ú heridos, el ayuntamiento de esta ciudad se encarga  rapidamente de instalar  badenes para reducir la velocidad. Que conseguimos con esto? Una persona bajo los efectos del alcohol seguira conduciendo a toda velocidad por esa calle o por otra, y seguira matando gente. Eso no resuelve el problema. Mientrás que otros, si sufrimos de tener que pasar por esos tan molestos badenes.
Os parece justo tener que cumplir la condena sin haber cometido el delito? Mientrás que quién ha causado el delito queda impune?

El ser humano es un ser racional, y todos somos conscientes de que a cada problema, una solución. Y si partimos de una base correcta, el resto sera pan comido.
No es possible poner el pastel en el horno sin haber hecho primero la masa y luego el pastel, para finalmente, hornearlo.
La base de una sociedad responsable es la educación. Si seguimos poniendo reglas y prohibiciones, amenazando con castigos, lo unico que lograremos sera crear personas reprimidas. Acabaremos con la libertad y entonces dejaremos atrás nuestra esencia, nuestra razón de ser.
Pero eso solo nos pasará a quienes obedezcamos a esas prohibiciones por respeto a los demás, porque tenemos una cierta educación, unos principios que respetar. Mientrás que a quienes no tienen esa educación, les vienen grande esas prohibiciones.
Por muchas prohibiciones que hayan, Un ladrón seguira robando; un asesino, matando; un extorsionista, secuestrando…y Zapatero, mintiendo a todos los españoles.
En cambio, si empezamos a educar nuestros hijos, conseguiremos crearles un futuro libre, responsable y donde podamos convivir en el respeto hacía el otro…y hacía sí mismo.

Educar, es hacer un niño consciente de que si ya ha comido y no tiene hambre o esta regordete no vaya a comprarse un bollo o chucherías…pero que otro que no ha podido desayunar antes de irse al cole, pueda tener a su disposición una maquina dónde poder comprarse un bollo para meriendar.
Educar, es hacer de un hombre una persona consciente de que si tiene hambre o si quiere dar de comer a su familia, puede pedir ayuda pero no ir a robar a los demás.
Educar, es conseguir evitar los acidentes de trafico causados por los efectos del alcohol y las drogas.
Educar, es conscienciar de que si estas cansado al volante o eres fisicamente incapaz de seguir circulando, te pares. O de que si no eres capaz de reaccionar rapidamente, conduzcas más despacio, sin tener que prohibir a toda una sociedad ir a 140 km/h en una autopista.
Educar, es el principio de una sociedad cuyos ciudadanos son moralmente capaces de autolimitarse por su bien y el de los demás, sin atentar contra la libertad que nos ha sido regalada al nacer. El mayor regalo que nos ha dado el cielo…aparte de nuestra propía vida.
No puede ser tan difícil! Verdad? Puede llegar a ser tan simple como aprender a distinguir entre el bien y el mal… aprender a distinguir lo correcto de lo incorrecto!

Posteado por: Caroline Meuter | julio 27, 2010

Toda una vida por delante

Últimamente se ha oído hablar mucho del aborto, después de que se abriera el polémico debate de si se debería o no de legalizar esta practica en nuestro país.
Para algunos, ya es demasiado tarde para intervenir en un debate cerrado después de que haya sido aprobada la ley del aborto, puesta en marcha por el gobierno de ZP.
No obstante, para muchos que defendemos el derecho a la vida (y con estas palabras me señalo directamente a mí misma), el debate solo acaba de empezar.
A ver si nos aclaramos: desde el momento en el que ha sido concebido el ser, es el comienzo de una nueva vida, de una nueva existencia, y eso, nadie lo puede negar, por mucho que se empeñe en ello y por mucha palabrería que use.
No nos vamos a engañar y decir que este es un tema fácil, porque desde luego, no lo es.
Existen algunos casos en los cuáles pueden correr peligro la vida de la madre o del hijo, o incluso ambas al seguir adelante con el embarazo.
Aunque me parece que esto implicaría entrar en otro debate mucho más amplio y complejo.
Desde luego mi opinión podría llegar a chocar e incluso, ofender a ciertas personas, con lo cuál solo diré que en este tipo de casos tan delicados, no nos pertenece a nosotros decidir de si se debería o no aprobar el aborto.
Concretamente, este artículo quiere tratar del aborto en el ámbito de su faceta más polémica: que sea legal y que se pueda permitir  a una joven (por este termino se a de entender: menor de edad) que aborte sin el consentimiento de sus padres.
Ya vemos que esta ley no solo viola los derechos y valores de la vida, sino también los de la familia.
Estamos hablando de que una joven que no es considerada por el sistema como suficientemente razonable y responsable como para acudir a las urnas o para obtener el carnet de conducir, sí lo sea para acabar con la vida de una criatura que ella misma ha creado.
No estamos hablando de abortar un proyecto, tampoco estamos hablando de interrumpir un trabajo en su pleno curso. NO! Estamos hablando de matar, de asesinar a un niño! Tal vez deberíamos usar estos mismos términos, por muy brutales y salvajes que parezcan, puede ser que así logremos concienciar a las mujeres de lo que realmente están a punto de hacer.

Dejemos ya de hablar de aborto y empecemos a hablar de asesinato, porque eso es lo que es: un crimen.
Un embrión con 3 meses ya comienza a presentar el aspecto de un ser humano. ¿Acaso sabe esta gente lo que es un embrión después de 6 meses de gestación? Es un niño! ¿Sería una madre capaz de matar a su hijo tras el parto? Bueno, algunas lo son, pero me refiero sobretodo a la gente “normal”. No lo creo! Tal vez me equivoque, pero es muy poco probable que lo hagan con tanta facilidad con la cuál abortarían. Pero hay que decirlo: Es lo mismo! ES IGUAL! ÍDEM!
A ver si me he enterado: una mujer va a ir a una clínica abortista como podría ir a la peluquería a cortarse el pelo y salir libre después de haber asesinado a su hijo.
Si! Lo sé: estoy usando un vocabulario muy brusco, brutal, pero la verdad es que todas estas palabras solo son sinónimos. Sinónimos de otras que son usadas para disimular una verdad, tratando de convertirla en algo más “suave” y que así nos la traguemos con más facilidad.
Pero no sirve de nada maquillar los hechos, no sirve dar rodeos, es hora de hablar claro.

¿Dónde han ido a parar los principios y valores fundamentales de la vida en nuestra sociedad? Parece ser la pregunta del millón: esa, cuya respuesta nadie conoce.
O soy YO la que esta loca, o en este mundo se ha perdido algo esencial, imprescindible y básico. No sé si es la educación, el respeto, la cordura… no lo sé, pero desde luego, hoy hace mucha falta, de eso no me cabe la menor duda.
Solo espero que el nombre de la persona que permitió esto no solo sea recordado como quien legalizó el aborto, sino también como quien se convirtió en el responsable del asesinato de miles y miles de niños…con toda una vida por delante.

Posteado por: Caroline Meuter | julio 27, 2010

Sin modelos

En la sociedad actual en la que vivimos, rigen normas y pautas de conducta que han de ser respetadas por todo individuo que desee integrarse en ella…
Integrarse en un sistema que regula nuestro modo de vida, pero que con esfuerzo y si nos empeñamos en ello, nunca podrá regular nuestra forma de ser.
Hemos crecido entre heroes, idolos y imagenes a las que muchas veces hemos querido o queremos imitar.
Pero llegado el momento de madurar (y creo que mi momento HA llegado) es hora de tomar otro rumbo, de empezar a ser nosotros mismos.
Respetar las normas y leyes del sistema que regula esta sociedad es imprescindible y inevitable si queremos crear un mundo en el que rijan la paz y el respeto hacía los demás.
No obstante, esto no implica que tengamos que seguir todos un único y mismo rumbo, mirando que hace nuestro projimo afín de luego imitarlo.
No se trata de elegir un modelo y convertirnos a nosotros mismos en una replica exacta e identica de esté, sino de buscar en nuestro interior una razón de ser, algo que nos identifique como seres unicos y libres de poder elegir lo que queremos hacer con nuestra existencia.

A veces un gesto, una palabra o un acto pueden crear reacciones ajenas adversas: irritación, repulso, crispación, e incluso…Odio.
La pregunta es: ¿Por qué?, ¿Por qué una simple forma de expresión puede llegar a crear tanta aversión? ¿Por ser diferente? ¿Por decir lo que otros no se atreven precisamente por miedo a crear tanto “revuelo”? ¿Miedo a ser rechazados o marginados por una sociedad que no acepta su forma de ser?
No tenemos porque pesar cada palabra y cada gesto por miedo a ser distintos.
¿Y si nos la jugamos? ¿Y si intentamos ser lo qué nadie se atreve a ser: diferentes?
Al fin y al cabo ¿Qué podriamos perder? Tenemos mucho que ganar sacando lo que tenemos dentro, siendo nosotros mismos y no quién siguio el modelo de tal o tal persona.

Una amiga y mujer extraordinaria fue quién me recordó hace poco, la importancia de aprender a ser uno mismo. Una mujer a la qué en estos momentos recuerdo con especial cariño. Gracías Maria!

Rompamos moldes, dejemos de buscar modelos y empezemos a vivir nuestra propia vida, enseñar lo que somos, y demostrar lo que valemos!
Lo qué si no puedo negar es qué hay algo que necesitamos inevitablemente: los ejemplos.
Esos gestos de humanidad, sabiduria y formas de ser, de las cuáles podemos aprender muchas cosas y qué nos permitiran cultivar y domesticar, por decirlo de alguna manera, nuestra persona.
Tal vez haya llegado el momento de desmarcarnos! No hemos nacido para ser todos iguales, para seguir a los demás, sino para ser libres y dueños de nuestra propia vida.
Así que: si somos libres de elegir, ¿Por qué queremos imponernos una forma de ser qué no es la nuestra?
Estoy segura de qué siendo nosotros mismos, saldremos ganando!

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